Con el título de esta nota, el sábado pasado, el Profesor de las Universidades de Georgetown, en Washington, y de Los Andes, en Bogotá, Marc Chernick, dictó una Conferencia en la Sociedad Económica de Amigos del País – SEAP, por invitación de los académicos Alpher Rojas (Colombia Plural), Medófilo Medina, Rocío Londoño y Carlos Becerra.
Chernick es un scholar americano colombiano, amplio conocedor del país, el conflicto armado interno y los intentos por superarlo políticamente. Su reflexión viene de atrás como que en 2008 Ediciones Aurora publicó su libro Acuerdo Posible, solución negociada al conflicto armado colombiano.
Planteada en las circunstancias que vive el país, a poco de firmarse el Acuerdo Final con las FARC-EP, la convocatoria tuvo amplia acogida y ante una sala colmada principalmente de académicos, el Profesor Chernick con rigor impecable y fácil exposición ofreció a los presentes el conjunto de elementos que, según su visión, han hecho posible el actual proceso.
Comparto con los lectores y lectoras algunos apuntes que, como es obvio, me comprometen a mí, no al ilustre profesor.
No es un conflicto de medio siglo el que se termina, Chernick estima que realmente es preciso tomar en cuenta que sucesivas oleadas de violencia política e intentos de paz se han sucedido desde 1946, o sea un largo período de 70 años. Observa que el Centro Nacional de Memoria Histórica tampoco reduce el tiempo de guerra a media centuria.
No concuerda con el análisis que predomina en círculos oficiales y periodísticos de Washington donde creen que el Plan Colombia, apoyado por USA, tuvo éxito total y que ello obligó a la insurgencia a sentarse a la mesa de conversaciones, ante lo cual también ahora USA está no solo de acuerdo sino cooperando plenamente.
Considera que importante parte de las élites colombianas se convenció de que la guerra no tenía salida militar y que lo sensato era aceptar la salida política o esperar una degradación aún mayor del enfrentamiento. Desde Belisario Betancur, 1982-2002, veinte años, el país persiguió la solución política. Los gobiernos de Barco, Gaviria, Pastrana, Samper, inclusive Uribe, hacían la guerra, pero en un momento no dejaban de intentar diálogos de paz. El gobierno de Álvaro Uribe no derrotó a las FARC-EP, no ganó la guerra, a lo sumo podría concederse que organizó el campo de batalla.
Señala que todo ahora es más difícil que antes y que este proceso presenta aspectos inéditos respecto a nueve factores: la agenda, las reglas, la autoridad, el cese al fuego, la sede de las conversaciones, los enemigos y saboteadores, la comunidad internacional, otros actores y la voluntad política de las partes. USA logró sabotear todos los procesos anteriores porque siempre estaba mirando para otro lado.
La voluntad de las partes ha sido tan fuerte que ni la muerte de Alfonso Cano hizo desistir a las FARC-EP, ni las dificultades propias de negociar en medio del conflicto hicieron retroceder al gobierno. La agenda viable no fue amplia sino acotada y los negociadores actuaban con poder de decisión.
Advierte, sin embargo, que si no hubo capacidad de sabotear las conversaciones, podría haberla eventualmente para sabotear el post-acuerdo. ¿Si el Acuerdo Especial Humanitario ya blindaba el proceso porqué someterlo al voto popular?, se pregunta Chernick. Ya en este camino de corroborar legitimidad, dice, es preciso lograr el triunfo contundente del SÍ en el plebiscito.
Mi conclusión: el acuerdo con FARC-EP marca la terminación de la guerra y abre la puerta de la paz. Paz imperfecta pero perfectible. Suficiente para darle todo el respaldo con el voto y con movilización.