En el arranque de la ronda 17 de diálogos en La Habana (Cuba), además del problema de los cultivos ilícitos, el objetivo es tratar los temas de procesamiento y comercialización de narcóticos.
“Queremos una Colombia sin coca y que en ese propósito logremos acuerdos con las Farc para ser aplicados una vez pactemos el fin del conflicto. Un objetivo no sólo importante para nuestro país, sino para el hemisferio y la comunidad internacional en general”. Eso dijo ayer Humberto de la Calle, el jefe del equipo negociador del Gobierno en los diálogos de paz, desde el aeropuerto militar de Catam en Bogotá, momentos antes de partir hacia La Habana (Cuba), donde hoy se debe dar inicio a la decimoséptima ronda de conversaciones con la guerrilla sobre un tema considerado trascendental y eje del proceso: solución al problema de las drogas ilícitas.
De la Calle insistió en la necesidad de profundizar y mejorar los programas de sustitución de cultivos ilícitos, en concordancia con lo ya acordado en el primer punto sobre desarrollo agrario integral. Sin embargo, lo que sí quedó claro en sus palabras fue la intención del Gobierno de poner sobre la mesa el tema del procesamiento y la comercialización de narcóticos, considerado “el combustible que alimenta el conflicto y la criminalidad”. Y, en este sentido, ya se sabe que uno de los grandes cuestionamientos que se les hacen a las Farc tiene que ver con sus relaciones con el tráfico de drogas, hasta el punto de que algunos de sus comandantes están pedidos en extradición por Estados Unidos, donde ya uno de ellos, Simón Trinidad, purga una larga condena.
Según conoció El Espectador, el Gobierno está convencido de que el tema del narcotráfico —sumado al de las víctimas, que se tratará posteriormente— implica ni más ni menos que el destrabe del proceso. Y si sobre las víctimas se le ha pedido a la guerrilla que haya reconocimiento, en lo de las drogas lo que se quiere es el compromiso de parar definitivamente con el negocio, incluso con la entrega de cultivos y de rutas de salida de narcóticos. Y otro asunto a tener en cuenta: no se quiere que las Farc vuelvan a plantear en la mesa, al menos por ahora, el asunto de Simón Trinidad. Asimismo, está claro que el enfoque al problema del consumo será desde el punto de vista de la prevención y la salud pública.
Ya el presidente Santos reconoció recientemente que la discusión del punto sobre drogas ilícitas será compleja. Y las pullas de la oposición —léase Álvaro Uribe— no se han hecho esperar, diciendo que lo que se va a hacer es negociar la política antidrogas del Estado con “el mayor cartel de narcotráfico del mundo”. Lo cierto es que, como dijo el mismo De la Calle, no puede haber fin de conflicto verdadero sin atacar de fondo este fenómeno, que a su vez está ligado al tema del desarrollo agrario integral. ¿Qué esperar de las Farc? Seguramente hoy, antes de iniciar la ronda, el país conocerá lo que ellas denominan “propuestas mínimas”. Entonces se comenzará a saber hasta dónde están dispuestas a llegar.
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