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Retratos de familia

By 28 de febrero de 2013No Comments

Estas mujeres le vienen diciendo al mundo que viven el deseo de difundir la verdad y evitar que caigan más jóvenes en la trama de desapariciones y asesinatos.

Han pasado cinco años desde el día en que Fernando Escobar, el joven personero de Soacha, destapó uno de los escándalos más indignantes de la «lucha antisubversiva» en el interior de las Fuerzas Militares: la desaparición y asesinato de muchachos de familias humildes, presentados como guerrilleros abatidos en combate.
 
Escobar había llegado a la Personería en marzo del 2008. Tres meses después se reunió con el asesor presidencial José Obdulio Gaviria, a quien le llevó la información que venía recopilando casi obsesivamente desde el 2000, fecha en la que denunció ante las autoridades el reclutamiento de jóvenes y menores en Soacha y Cazucá.
 
Según La Silla Vacía, Escobar «tenía indicios de que los desaparecidos estaban en Ocaña, pues otros jóvenes contaron de las propuestas que les hicieron». El 23 de septiembre se confirmaron sus sospechas: en Santander y Norte de Santander se encontraron fosas comunes con los cadáveres de los muchachos reportados como desaparecidos.
 
A primeros de enero del 2009, Semana publicó un extenso informe (http://www.semana.com/nacion/articulo/el-dossier-secreto-falsos-positivos/99466-3) sobre los hechos que habrían servido de base para la destitución de 27 militares implicados en ‘falsos positivos’. Ya nada pudo detener la frecuencia de las denuncias ni ocultar la escandalosa ignominia de esta práctica.
 
Varios analistas señalaron que la Directiva Ministerial (Secreta) Número 29 del 2005, firmada por el entonces ministro de Defensa, Camilo Ospina, podría haber sido, no la causa directa de estos crímenes, pero sí uno de los sombríos alicientes para la creación de una sórdida red de beneficiarios de premios. En la directiva se establecían «criterios claros y definidos para el pago de recompensas por la captura y abatimiento en combate de cabecillas de las organizaciones armadas al margen de la ley (…)».
 
Con estos antecedentes y con los testimonios de cinco madres que no se conocían entre sí, la realizadora Alexandra Cardona filmó entre el 2010 y el 2013 el documental Retratos de familia, una de las películas más ovacionados en el 53 Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (Ficci).
Los 95 minutos del documental muestran «la punta del iceberg» que asomó en los episodios de Soacha, como señaló el relator de la ONU para las ejecuciones extrajudiciales. El número de jóvenes desaparecidos y asesinados presentados como guerrilleros muertos en combate fue creciendo y poniendo en evidencia su macabro modus operandi.
 
A casi cinco años de estos episodios, el fiscal Eduardo Montealegre le dijo a EL TIEMPO que «la Fiscalía maneja 1.726 casos de ‘falsos positivos’ en el país, con 3.000 víctimas y, a la fecha, hay 2.035 detenidos como sospechosos» (http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12490962). Hoy en día existe una Unidad de Análisis y Contexto de la Fiscalía, «conformada por 100 fiscales y unos 150 analistas», creada para responder a la extrema gravedad y volumen de estos hechos.
 
Las Madres de Soacha, esas «mamitas» a las que Andrea Echeverri consagra la música original de la película, son los dignos eslabones de una cadena de memoria, primeras voces del NUNCA MÁS que está detrás de sus propósitos. A esta memoria se dedica Retratos de familia.
Estas mujeres se proponen limpiar el nombre de sus hijos. Lo dicen repetidamente en sus testimonios. Le vienen diciendo al mundo que no abrigan sentimientos de venganza u odio, que viven activamente el deseo de difundir la verdad y evitar así que caigan más jóvenes en la trama de desapariciones y asesinatos.

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