El castigo fue severo, treinta latigazos para tres de los imputados y diez más para el menor de edad que los acompañaba. La pena era impuesta por el tribunal indígena conformado para decidir la suerte de los cuatro presuntos guerrilleros detenidos el pasado 18 de julio por la Guardia Indígena en Toribio, Cauca.
Cerca de mil personas presenciaron el juicio que los gobernadores indígenas presidían. Sin embargo la limpieza, como llaman los indígenas a este castigo, se detuvo en el quinto fuetazo a petición de la comunidad que se conmovió por el sufrimiento del último condenado, después de todo, se trataba de un niño.
Según la ONG Internacional ‘Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza’, en Colombia existen entre 8.000 y 14.000 menores en las filas de los grupos armados, casi una cuarta parte de los combatientes activos del país. Los jóvenes reclutados tienen que cumplir todo tipo de misiones: vigilancia en pueblos y campamentos, fabricación de minas antipersonales o servir de juguetes sexuales a los comandantes y combatientes en general.
Ese fue el panorama que en el 2005 llevó a War Child Holland, una ONG holandesa, a enviar una comisión de análisis a las zonas del norte del Cauca y el sur del Putumayo con el fin de evaluar la situación de los niños en la guerra. Un año después, la organización se estableció en Bogotá e inició un proyecto que busca prevenir la vinculación de menores al conflicto armado.
Este martes, los representantes de War Child Holland, acompañados de sus organizaciones aliadas en el trabajo social con comunidades, presentaron los resultados del proyecto ‘Construir un futuro para los niños y las niñas de Colombia’ orientado a jóvenes víctimas del conflicto armado en Cauca, Putumayo, Bogotá y Pereira. El fruto de seis años de trabajo en Colombia y de dos años y medio directamente con más de 2.000 niños y jóvenes, para reintegrarlos a la vida civil o prevenir que engrosen las filas de los violentos.
El proyecto financiado por la Unión Europea se desarrolló en dos escenarios. Por un lado trabajó con 190 niños y jóvenes desvinculados de grupos armados que se encuentran en el Programa de Protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, en Bogotá y Pereira. Y por otra parte, en la prevención de la vinculación de menores a los grupos armados, en Cauca y Putumayo.
Adicionalmente el trabajo de War Child comprende el desarrollo de una serie de recomendaciones para el establecimiento y la implementación de políticas públicas para prevenir la incorporación de menores a la guerra: «Es necesario dar otras opciones de vida a los niños y niñas, ellos tiene todas las capacidades internas, solamente necesitan apoyo para expresarse y fortalecer sus habilidades» aseguró el representante de esta ONG en Colombia, Ramin Shahzamani, en entrevista a Semana.com.
Semana.com: ¿Qué perspectivas hay para los niños colombianos en medio del conflicto a la luz de este trabajo?
Ramin Shahzamani: Hay muchos desafíos a nivel de lo que hacen las organizaciones sociales, a nivel estatal, a nivel comunitario y en la misma sociedad. Son contextos muy complejos, pero yo, personalmente, soy muy optimista de la situación en Colombia y de la población colombiana. Hay muchos funcionarios que de verdad están tratando de hacer lo mejor para los niños y niñas. Si, el contexto es difícil, el conflicto continúa pero hay iniciativas que se empiezan a visibilizar, necesitamos el apoyo de medios de comunicación, que sean conscientes de la importancia de difundir estos procesos.
Semana.com: Ustedes reportan un trabajo con más de 2.800 personas entre niños, familiares, promotores y líderes sociales ¿Cómo se logra trabajar con tantas personas en un tema tan complejo y en regiones tan apartadas?
R.S.: Desde la prevención, en Cauca y Putumayo, partimos de las escuelas. A través de diálogos y coordinación con el ministerio de educación, porque los escenarios del niño son la escuela, la casa y la comunidad. Entonces, tratamos de trabajar desde las instituciones educativas y vinculando a lo que denominamos el entorno protector: sus padres, cuidadores, docentes y los garantes de derechos como el Ministerio de Educación y el ICBF. No es posible que solo una organización lo haga, las problemáticas son mucho más grandes para que cualquier organización pueda resolverla por si sola.
Semana.com: La escuela se convierte en un eje fundamental en estos procesos. ¿Cuál es la situación real de los docentes entonces en estas zonas de conflicto?
R.S.: La verdad es que hay muy buenos docentes que quieren hacer lo mejor para los niños, que quieren acompañar a sus estudiantes. Pero claro ellos también necesitan acompañamiento, necesitan del respaldo de organizaciones sociales y también del estado.
Semana.com: ¿No existen entonces espacios de sensibilización o de apoyo para ellos?
R.S: Estos trabajos dependen de procesos, no puede ser un taller, una reunión y ya. Hay que acompañar a los docentes, ayudarles a identificar cuáles son los problemas, las dificultades, porque ellos también saben cómo responder pero necesitan apoyo para hacerlo, al igual que los padres o cuidadores.
Semana.com: ¿Cómo se desarrolla el trabajo con los niños y niñas?
R.S.: Para construir nuestra estrategia hacemos primero un análisis de la situación, miramos el contexto de los niños y niñas y hablamos con los actores del proceso para ver y entender cuáles son sus problemas y cómo podemos fortalecer sus derechos propios en esas situaciones. Nuestras copartes hacen lo mismo, establecen cuales son las problemáticas, establecen diálogos con los niños y niñas, con los funcionarios que se vinculan a los procesos y determinamos qué tipo de intervención es necesaria y qué podemos hacer para fortalecer los derechos de los niños.
Semana.com: Sin lugar a dudas sacar a los niños de la guerra es importante pero ustedes plantean además que hay que sacar la guerra de los niños, ¿Cómo hacen eso?
RS.: Cada proceso es particular y las estrategias que se implementan dependen de la región, de las necesidades particulares. Nosotros utilizamos una metodología de apoyo psicosocial que se llama ‘I deal’ que lo hemos interpretado como ‘Yo puedo’, lo que hacemos es utilizar estrategias creativas y lúdicas para tener un resultado específico con los niños y niñas.
Este proceso tiene muchos componentes: conocerse a sí mismo, cómo me relaciono con mis padres o mi comunidad, fortalecimiento personal, etc. También utilizamos el arte, los juegos, porque ellos no se sientan a escribir un informe, buscamos el medio de comunicación de los niños y niñas, cómo aprenden y cómo se expresan.
Semana.com: ¿Cuánto tiempo toma realizar estos procesos?
R.S.: Depende del tipo de proyecto, este que presentamos duró dos años y medio en total, pero a su vez tiene distintos componentes que ocupan un espacio de tiempo. La metodología psicosocial para cada niño toma más o menos cuatro meses, y después entran los otros componentes: el uso de las artes, el teatro, las huertas comunitarias, la relación con la tierra que es muy importante para las comunidades indígenas.
Semana.com: El siguiente paso es entregar unas recomendaciones a diferentes organismos. ¿Si es posible que las políticas públicas se vean influenciadas por este tipo de iniciativas?
R.S.: Una cosa es la existencia de políticas públicas y otra su implementación. Colombia tiene unas políticas públicas muy fuertes, si se compara con otros países, pero hay desafíos en la implementación de estas políticas. Se necesitan recursos para desarrollar proyectos, se necesita que en los planes de desarrollo haya proyectos específicos que se encarguen de estos puntos y es la población colombiana la encargada de pedirle eso a sus representantes políticos y decir: “queremos cambiar esto y es importante poner los recursos, construir metodologías, trabajar con las comunidades, llegar a zonas rurales y darle otras oportunidades a los niños y niñas.
Por Cristian Mendoza
http://www.semana.com/nacion/sacar-ninos-guerra-otro-drama-colombia/181382-3.aspx