El Gobierno ayuda generosamente a los agricultores. La fauna es muy respetada. Los senadores ganan un poco más que los nuestros, son trabajadores y asisten a las sesiones.
Mi artículo pasado decía que es sabio aprender de los que hacen mejor las cosas, y poníamos el ejemplo de Canadá y nunca dije que es un país perfecto, pero sí que es ejemplar, lo que es distinto. De los problemas de Canadá hablaremos otro día. El artículo provocó mucha participación, y recibí exactamente 108 mails y unas 25 llamadas telefónicas de personas que querían que hablara un poco más de los peajes y de los contratistas y desfalcos. Solo recordaré que Ecuador tiene magníficas carreteras, muy pocos peajes, la mayoría de 60 centavos de dólar y unos pocos de un dólar. Recorrí 5.000 kilómetros por excelentes carreteras en Turquía y no encontramos un solo peaje. Di la vuelta completa por la Ring Road a Islandia, y solo encontramos un peaje. Lo nuestro es sencillamente demencial. Uno no sabe si hay algo raro encerrado en este asunto. Y en cuanto a los desfalcos, me limito a copiar el titular de El TIEMPO aparecido por los mismos días de mi artículo pasado sobre Canadá. ‘Trece mil billones en elefantes blancos’.
Volvamos a Canadá. Allá el Gobierno ayuda generosamente a los agricultores. El país permanece varios meses al año cubierto de nieve y los agricultores son muy apreciados, pues producen la alimentación del país aprovechando las épocas propicias para ello. En las autopistas que cruzan parques nacionales hay túneles para que por encima de ellos, cubiertos como están de vegetación, crucen los animales, que suelen ser osos, caribúes o renos, alces, pumas, lobos y coyotes. La fauna es muy respetada y no es raro que alguno de estos animales aparezca en las ciudades pequeñas. En los parques tuvimos encuentros con osos (negros y griz-zlies), bisontes, marmotas, caribúes, ardillas y lobos. Escribí en mi artículo pasado que “en las ciudades casi no hay motos”. Así apareció en el texto. Por equivocación, el transcriptor de mi artículo escribió al lado que casi no hay carros en las ciudades. Los lectores inteligentes se dieron cuenta del curioso error.
Los senadores ganan un poco más que los nuestros. Según me cuentan, son trabajadores, atienden las quejas de sus electores y asisten a las sesiones. Habrá excepciones, desde luego. También allá ha habido casos de corrupción, pero no tan macabramente generalizados como en nuestra clase legislativa gobernante. Durante mucho tiempo creí que la peor tragedia de Colombia era la guerrilla. Luego cambié de idea, y dije que es la clase política corrupta, bien representada en los senadores y representantes. Ahora manejo otra idea: lo peor del país es la administración de justicia, luego vienen el parlamento y, en tercer lugar, la guerrilla. Desde luego que respeto todas las opiniones en sentido contrario.
¿De dónde sale en Canadá el dinero para dar de comer a los que pasan hambre y ayudar a los que no tienen trabajo? De la industria, la pesca, el petróleo, la minería y los impuestos. Los ricos pagan impuestos altísimos.
Tuve la suerte de presenciar en Calgary la fiesta anual del Stampede, que se celebra desde hace 120 años. Durante ocho días la ciudad revive la época del Oeste. Muchos van vestidos a la usanza, casi todos llevan los típicos sombreros de los vaqueros, los almacenes y las calles se arreglan imitando aquella época, y en el estadio se llevan a cabo la monta de potros y toros salvajes y carreras de diligencias. Durante esos ocho días se sirven en diversos puntos de la ciudad desayunos gratis para propios y extraños. Muchísima gente acude al desayuno, y es un espacio para compartir y hacer comunidad. Es admirable.