La presencia de seis congresistas en la isla desata revuelo político. El Gobierno expresa que tienen su aval. Las Farc saludan su vinculación al debate.
La participación de la guerrilla en política es un asunto que empieza a debatirse.
A pesar de que el jefe de la delegación del Gobierno para los diálogos de paz con las Farc en La Habana, Humberto de la Calle, ha insistido en que sólo hay avances en el primer punto de la agenda, es decir, en el tema agrario, la visita de seis congresistas a Cuba deja entrever que hay otros puntos en desarrollo más allá de la mesa de negociación. De alguna manera, tarde o temprano, los avances del diálogo tendrán que refrendarse en el plano político y, por lógica, el Poder Legislativo no será un convidado de piedra en la búsqueda de la paz.
Como era de esperarse, el sorpresivo desplazamiento de seis congresistas a La Habana provocó revuelo político (ver nota anexa), pero el Gobierno les salió al paso a las críticas y dejó en claro que la delegación cuenta con su autorización y que el propósito del viaje es conocer sus impresiones alrededor de temas esenciales, como las víctimas del conflicto, la terminación del mismo y la construcción de una paz estable y duradera. Además, cuentan con el respaldo y el papel desarrollado por las comisiones de Paz del Congreso.
Al margen del debate y de los intereses del Gobierno y la guerrilla por formalizar este primer contacto con voceros autorizados del Congreso, no cabe duda de que otro tema crucial también motiva el encuentro: explorar, así sea de manera informal, cómo sería una eventual participación en política de las Farc en el caso de concretarse acuerdos definitivos en la mesa de negociación. Al fin y al cabo, esa fue una de las motivaciones que dieron lugar a la aprobación del denominado Marco Jurídico por la Paz, ratificado por el Legislativo en 2012.
Sin embargo, sobre este aspecto, al menos de labios para afuera, ayer quedaron en evidencia dos posturas al interior de la delegación de las Farc. Si bien hace una semana el jefe guerrillero Iván Márquez expresó públicamente su deseo de participar en política “de manera abierta y legal”, en contraste, otro negociador de las Farc, Rodrigo Granda, aseguró ayer que “en general, en las Farc nadie aspira a puestos de representación en las condiciones actuales en las que está el país”. Y lo refrendó diciendo que le daría vergüenza pelear por una curul.
Aún así, la delegación de las Farc expidió una declaración dirigida en particular a “los amigos de una salida política dialogada”, en la cual admitió su interés por dialogar con la comisión del Congreso sobre asuntos de guerra y paz y expresó su complacencia porque integrantes de otras ramas del poder público diferentes al Ejecutivo se vinculen al proceso de paz. Las Farc resaltaron con este hecho la importancia de una mayor participación ciudadana en el que denominaron un “emprendimiento de interés nacional”.
No obstante, no deja de dar lugar a especulación la presencia de los congresistas Iván Cepeda y Gloria Inés Ramírez, ambos reconocidos voceros de la izquierda democrática. No sólo por su activa vinculación con la agenda del movimiento Marcha Patriótica, que ha venido alentando la urgencia de apoyar el proceso de paz, sino también porque son piezas claves de la iniciativa conocida como “Constituyentes por la paz con justicia social”, cuyo principal objetivo es aumentar la participación ciudadana en el proceso.
En este aspecto, al menos en el papel, esta postura coincide con los reclamos de las Farc de que ante la negativa del Ejecutivo para que la asamblea nacional constituyente sea una herramienta para refrendar los acuerdos alcanzados en la mesa de negociación, se deben permitir las expresiones del “poder ciudadano”. Con una demanda adicional: que no se penalice a aquellas personas que busquen sostener diálogos con la insurgencia y, en consecuencia, no se criminalice la búsqueda de la paz en Colombia.
En el fondo del debate, así se ventilen posturas adversas, tarde o temprano tendrá que examinarse cómo pasarían las Farc al plano político. Rodrigo Granda manifestó que en la dirección de la organización no hay ese tipo de aspiraciones, “porque hay mucha gente que lo puede hacer mejor”. En una y otra oportunidad, tanto Iván Márquez como Mauricio Jaramillo han hablado del Partido Comunista Clandestino o del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia. La Marcha Patriótica sigue siendo una incógnita.
Es ahí donde se barajan posibilidades para el futuro inmediato. Primero, porque es claro que algunos integrantes de las Farc podrían encontrar la forma de entrar a la política legalmente, pero otros tendrían impedimentos judiciales por la naturaleza de los procesos penales en su contra. Se requeriría una circunscripción especial de paz o una amnistía e indulto de cobertura muy amplia. Son temas que todavía no hacen parte de la agenda oficial, pero que pueden evaluarse preliminarmente en La Habana.
Precisamente, la presencia de los congresistas Roy Barreras, Alfonso Prada, Juan Laserna, Iván Cepeda, Gloria Inés Ramírez y Guillermo Rivera, avalados por el Gobierno y bien recibidos por las Farc, representa una buena oportunidad para sondear estos terrenos cenagosos por los que tarde o temprano tendrá que transitar el proceso de paz. Así Rodrigo Granda exprese que por ahora no hay interés en entrar a la política, cuando habla del estatuto de oposición o de cambio de régimen electoral es porque aspira a llegar a ese escenario.
Por ahora, al margen de lo que se pueda debatir esta semana en La Habana con los congresistas, ya se empiezan a dar manifestaciones paralelas. Armando Benedetti considera que no es el momento para hablar sobre participación política, porque apenas se está abordando el primer punto de la agenda. La exsenadora Piedad Córdoba anuncia nuevos avances de la movilización del 9 de abril en favor del proceso de paz, con el concurso de la Alcaldía de Bogotá, que no significa otra cosa que el respaldo del alcalde Gustavo Petro.
En últimas, en el plano político cada sector mueve sus intereses bajo la expectativa de que las negociaciones en La Habana fracasen o lleguen a buen puerto. Si bien hay quienes buscan edificar su plataforma electoral sobre la negativa a ultranza de cualquier avance con las Farc, también hay quienes buscan que la guerrilla entienda que hoy por hoy la disyuntiva es clara: o se aceleran los acuerdos o las fuerzas del uribismo tendrán en el fracaso su mejor justificación para regresar al poder.
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