En una coyuntura en la que el acuerdo comercial comienza apenas a funcionar y en la cual las importaciones netas de alimentos se están reduciendo, sería erróneo concluir que esta es la causa del problema.
Me sorprendieron, positivamente, las recientes declaraciones del líder de los campesinos de Boyacá en la televisión.
Me pareció una persona estructurada, seria y razonable, pero, al mismo tiempo, me preocupó su diagnóstico y el de muchos otros, valga la pena decirlo, sobre la crisis del agro en Colombia, según el cual los grandes responsables del problema y del paro son los tratados de libre comercio, en particular el firmado con Estados Unidos.
Un diagnóstico equivocado puede ser muy peligroso, pues lo más probable es que nos lleve a una solución equivocada.
Primero, si bien el TLC con Estados Unidos fue firmado en el 2006, solo entró en funcionamiento el 15 de mayo del 2012. Es decir que realmente el tratado solo está funcionando hace aproximadamente un año y cuatro meses, un tiempo, a todas luces, bastante corto para poder evaluarlo.
Segundo, aunque el tratado comenzó a funcionar en esa fecha, para muchos de los productos agrícolas hay un periodo de gracia y/o uno de desgravación suficientemente largo, partiendo de un arancel alto.
Esto simplemente quiere decir que así los aranceles hayan comenzado a bajar, hasta el momento han disminuido muy, pero, muy poco. Veamos algunos ejemplos:
Sectores sensibles que necesitan un tratamiento especial de protección, como es el caso del arroz y los cuartos traseros de pollo, tienen largos periodos de desgravación (19 y 18 años respectivamente). Cuentan, además, con periodos de gracia en los cuales el arancel no se reduce, y con salvaguardias para restituir el arancel cuando aumenten las importaciones por encima de cierto nivel.
Sectores de economía campesina como el fríjol quedaron con un periodo de desgravación largo (10 años, partiendo de un arancel del 60 por ciento, es decir que el arancel cae 6 por ciento por año) y salvaguardias protectoras.
En el caso del maíz amarillo tecnificado, hay contingentes de importación a cero arancel para garantizar la competencia del sector avícola, porcícola y de alimentos balanceados, pero también se protege la producción nacional partiendo de un arancel del 25 por ciento y llegando al libre comercio en este producto en 12 años.
En cuanto a la cebolla, producto de moda por estos días, esta si tuvo desgravación inmediata, pero miremos un poco más allá: en el 2011, la producción nacional fue de 379.000 toneladas y el consumo de 490.000 toneladas, es decir, se produce menos de lo que se consume.
En el 2012, se importaron 111.000 toneladas y en el primer semestre del 2013, 28.719 toneladas. Sería muy difícil argumentar que son las importaciones de cebolla las que están afectando al sector, cuando lo que hay es una caída neta de las importaciones.
Otro caso interesante es el de la papa, que también tuvo desgravación inmediata. En el 2012 se importaron 19.841 toneladas, lo que puesto en palabras sencillas es menos de 1 por ciento de la producción nacional y aproximadamente 2,4 días de consumo.
En el 2013 se ha importado todavía menos papa, sumando solamente 8.835 toneladas en el primer semestre.
En el caso de la leche, se pactó una desgravación a 15 años, partiendo de un arancel del 33 por ciento, lo cual significa que el arancel cae 2,2 por ciento por año, llegando a cero en 15 años. Es cierto que hay una cuota de 5.500 toneladas sin arancel, pero esto es insignificante vs. una producción nacional cercana a las 800.000 toneladas año.
En el 2012, se importaron un total de 23.354 toneladas de leche, o sea, menos del 3 por ciento de la producción nacional o algo así como 10 días de consumo, y en el primer semestre del 2013 se han importado solamente 4.189 toneladas.
Estamos pasando precisamente por un periodo en el que las importaciones de productos agropecuarios están cayendo. En efecto, en el primer semestre del 2013 estas fueron inferiores en 6,5 por ciento a las del primer semestre del 2012, al pasar de 5 a 4,6 millones de toneladas.
En cuanto a las importaciones provenientes de Estados Unidos, estas cayeron de 1,2 millones a 499 mil toneladas entre el primer semestre del 2011 y el primero del 2012.
El primer semestre del 2013 muestra la recuperación parcial del terreno perdido, al llegar a un monto de 971 mil toneladas.
La inclusión del sector agrícola en la negociación tuvo como objetivo para Colombia lograr el acceso real de nuestros productos al mercado de Estados Unidos, no solo mediante la reducción y eliminación de aranceles, sino por medio de la adopción de acciones necesarias para que las medidas fito y zoosanitarias no sean obstáculos ni puedan ser utilizadas como tales.
Colombia tiene ventajas competitivas para el acceso de todos los productos de la agricultura tropical, porque no se pueden producir en Estados Unidos.
Así mismo, otros, tales como productos hortofrutícolas, tabaco, algodón, azúcar, flores, café, palma africana, caucho, cacao, productos forestales y productos piscícolas, entre otros, tienen la posibilidad de aumentar sus exportaciones, y con ello generar más empleo y bienestar en el campo colombiano.
En una coyuntura en la que el TLC comienza apenas a funcionar y en la cual las importaciones netas de alimentos se están reduciendo, sería erróneo concluir que esta es la causa del problema.
Para solucionar un inconveniente, es tan importante el diagnóstico como la solución. Achacarle al TLC todos los problemas del agro colombiano es el diagnóstico equivocado, y de seguir por este camino, sin duda, nos llevará a aplicar también la medicina equivocada.
Luis Guillermo Plata
Exministro de Comercio Industria y Turismo.
http://www.portafolio.co/opinion/tlc-ee-uu-y-el-paro-agrario-mitos-y-realidades