Los migrantes, que están huyendo de países que los tenían condenados a la pobreza, llegan a Colombia y sufren hambre, enfermedades y condiciones inhumanas. En este río revuelto pescan los criminales
La situación de los migrantes atrapados en Turbo (Antioquia), y que quieren llegar a Estados Unidos, demuestra con fuerza que en Colombia también es relevante preguntarse sobre cuál es la mejor forma de tratar a las personas que escapan de sus países con la esperanza de mejorar las condiciones de vida. Si bien la posición del Estado de no querer fomentar la migración es razonable y necesaria, la complejidad del asunto no debe ser justificación para olvidar los tratos humanitarios y, más bien, motivar todos los actos en la empatía.
Según cuentas de la Defensoría del Pueblo, hay 1.273 cubanos, entre ellos cerca de 300 menores de edad y 11 mujeres embarazadas, alojados en una bodega y sus alrededores en Turbo. En una carta enviada por estos migrantes al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidiendo que interceda para facilitarles la llegada a ese país, los cubanos denuncian “circunstancias infrahumanas” de vida por falta de comida, hacinamiento, inseguridad y “violencia psicológica constante” ante el temor de deportación por parte de las autoridades colombianas.
No son sólo cubanos los que están en Turbo. Según le contó a El Espectador el director de Migración Colombia, Christian Krüger, el flujo de haitianos se ha incrementado de manera impresionante: en 2015 fueron deportados 35, y en lo que va corrido de 2016, 3.010.
El problema es muy complicado por donde se le mire. Los migrantes, que de por sí lo son porque están huyendo de países de origen que los tenían condenados a la pobreza, llegan a Colombia y se quedan estancados mientras las autoridades deciden qué hacer, y durante ese tiempo también sufren hambre, enfermedades y condiciones inhumanas. En este río revuelto pescan los criminales. Hace poco la Fiscalía destapó una red de tráfico de migrantes en la que participaban funcionarios de Migración Colombia, la Cancillería, la Registraduría y la Dijín. La red expedía pasaportes falsos por pagos entre $5 y $10 millones con información falsa para que cientos de migrantes irregulares pudieran hacer su camino por el país. También, explica Krüger, hay “coyotes” que cobran entre US$1.500 y US$2.500 por atravesar sólo Colombia, aprovechándose de la necesidad. Migración Colombia ha capturado a 76, pero el negocio sigue siendo rentable.
Colombia es uno de los países que vienen alentando la modificación de las políticas migratorias, así como la creación de corredores humanitarios para evitar el lucro de los “coyotes”. Según anunció el director, “se va a crear un comité nacional de lucha contra el tráfico de migrantes”, liderado por el Ministerio del Interior, que expedirá un Conpes sobre migración irregular.
Esto, por supuesto, no soluciona el problema, que se sale de las manos de las autoridades nacionales. La canciller María Ángela Holguín dice que Colombia no quiere tomar medidas que sean beneficiosas y así convertirse en un destino de migrantes a los que no puede mantener. Completamente entendible.
No obstante, dado que el número de migrantes es elevado, no sobraría que Migración Colombia sí adopte mecanismos de apoyo humanitario que protejan a los migrantes mientras se les soluciona su situación y siguen a otro país. De este modo pueden neutralizarse un poco las presiones psicológicas denunciadas en la carta que citamos, y se le imprime un poco de empatía a una situación negativa para todos los involucrados. Incluso en los momentos complejos —o en especial en ellos—, que Colombia sea conocida por la firmeza de sus autoridades, pero también por su bondad.
http://www.elespectador.com/opinion/editorial/tratar-bien-los-migrantes-articulo-646642