Los negociadores escogidos por el Presidente de la República tienen las capacidades requeridas para el reto de acordar la paz. A la paciencia y la firmeza, deberán unir el anhelo de justicia.
Una de las primeras inquietudes cuando se confirmó que había diálogos del Gobierno con las Farc, es quién o quiénes iban a llevar el peso de la negociación con ese grupo guerrillero. Junto con la posibilidad o no de cese el fuego, esa era una de las preguntas inevitables.
Ambos interrogantes se unen, pues no es lo mismo la destreza negociadora y el temple político que hay que tener en una mesa con muertos encima, que en otra donde la guerrilla opte por respetar la vida humana, mientras presenta sus opciones y exige contraprestaciones sólo con argumentos, y no con sangre.
Pero ya entrados en gastos, y pidiendo el Presidente Santos a los colombianos que tengamos “paciencia, fortaleza y templanza” ante los previsibles ataques terroristas de su contraparte en Oslo y en La Habana, lo mínimo que quedaba era esperar un sólido equipo negociador que representara con dignidad la voz de la Colombia que no mata.
El equipo negociador anunciado ayer por el Presidente -no sabemos si consultado o no con la guerrilla- se ajusta a las aptitudes exigibles de competencia, conocimiento, experiencia, lealtad institucional y solidez intelectual para encarar el reto de vérselas frente a frente con personas impermeables a la mera racionalidad.
Se firmó ya un documento, someramente explicado por el Jefe del Estado, sobre los puntos de la agenda de discusión.
Con excepción del narcotráfico, no sujeto antes a negociación, dicha agenda recoge básicamente temas planteados por las Farc en todos los procesos de paz desde el gobierno deBelisario Betancur .
Y aunque ahora el ambiente para el diálogo de paz es favorable, incluso con excesos idealistas de euforia, hay que recordar forzosamente que nunca se ha producido una ruptura del diálogo por asuntos temáticos ni ideológicos sino por dilaciones, falta de compromiso y agresiones contra la población por parte de la guerrilla.
Eso mismo, imponía tener negociadores hábiles, experimentados, con credibilidad y destreza política. Ahí, el nombre del exvicepresidente Humberto De la Calle nos genera confianza. Tiene sólidas convicciones democráticas y formación jurídica, imprescindibles para este propósito de negociar sin entregar el país en bandeja a quienes llevan décadas destruyéndolo. Incluso, en sus interesantes columnas periodísticas de los domingos, De la Calle ha planteado sensatos apuntes sobre cómo es posible lograr la paz sin destruir la democracia.
Luis Carlos Villegas tiene las cualidades del buen negociador que aquí hemos apuntado. Ya había participado en conversaciones con las Farc en las épocas del Caguán, y la respuesta que recibió de este grupo fue el secuestro de su hija adolescente, en 2000. Este golpe devastador para cualquier padre, no lo desalentó en su propósito de cooperar para buscar caminos de paz.
Frank Pearl y Sergio Jaramillo llevan varios años trabajando activamente en temas de paz, seguridad, derechos humanos y desmovilización. A lo cual hay que agregar la presencia en la mesa de los generales en uso de buen retiro Jorge Enrique Mora -un oficial representativo de la línea tropera de las Fuerzas Armadas- y Óscar Naranjo , emblema de los sistemas de inteligencia del Estado y gran conocedor del narcotráfico y conexos. La inclusión de ellos fue una inteligente y afortunada decisión, que aporta credibilidad a la mesa y ayuda a contrarrestar posibles reacciones adversas de sectores castrenses.
En definitiva, el equipo negociador fue designado por el Presidente, pero su responsabilidad es con la Colombia civilista y pacífica que quiere la paz, pero sin impunidad y con justicia.
Exmagistrado Corte Suprema de Justicia – Exembajador de Colombia en Chile
Del equipo negociador escogido por el Presidente Santos, todos son personas importantes. Algunos de ellos muy representativos. Y lo mejor que podemos hacer es desearles muchos éxitos en su gestión. Pero es que hay muchas dudas sobre este proceso. Dudas que proceden, primero, de la calidad de la contraparte; segundo, del contenido del documento que se firmó, estrambótico, por decir lo menos; tercero, del momento político. Y sobre esto último, hay que decir lo siguiente: Santos tiene calculado esto para promover su reelección.
Cuando se fija un plazo de estos para un acuerdo de paz, en vísperas de una reelección, está entonces el afán del Presidente por llegar a ese acuerdo. No se olvide que las Farc juegan con el tiempo. Llevan 50 años en esto. Es el mismo problema que había en la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos: los soviéticos tenían todo el tiempo, mientras los norteamericanos estaban condicionados por los períodos electorales.
En este equipo negociador tendría que haber una inteligencia negociadora de altísimo vuelo, de gran capacidad para presionar a las Farc para que se allanaran a un arreglo que no entrañe un sacrificio institucional para Colombia. Y eso no se ve. Santos está convencido de que con el doctor De la Calle puede repetir lo que hizo César Gaviria -que fue muy malo, por cierto- y por eso envió a Fernando Carrillo al Ministerio del Interior. Ellos, junto con Manuel José Cepeda , movieron todo el tema de la Constituyente, y ahora quieren repetir todo ese escenario, a pesar de que ahora las condiciones son muy diferentes.
Este equipo negociador no es representativo de todas las fuerzas vivas del país. Esta es una nación muy variada, un país con muchas regiones, y ahí no están todas; hay muchos segmentos gremiales, hay diversidad de componentes sociales, y ahí no están todos.