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Un palestino y un israelí víctimas del conflicto, unidos por la paz

By 8 de abril de 2014No Comments
Ambos perdieron a sus hijos en bandos opuestos. Trabajan juntos por la reconciliación de sus países.

A Bassam Aramin y Aaron Barnea los separaba todo hasta hace pocos años: el primero, palestino; el segundo, israelí, pertenecientes cada uno a dos pueblos con una lucha ancestral por una franja de tierra en la costa del mar Mediterráneo.

Pero los unió la muerte de sus hijos a manos de bandos enemigos, y la certeza de que el conflicto en el Medio Oriente no se resolverá por una violencia cargada de odio y sed de venganza de unos contra otros.

Bassam perdió a su hija de 10 años cuando salía del colegio a manos de un soldado de Israel en un puesto fronterizo. El hijo menor de Aaron murió mientras prestaba el servicio militar para el ejército de Israel.

La fatalidad y el destino los unió. Los dos pertenecen a organizaciones binacionales que trabajan por la paz y la reconciliación entre ambos países por medio del diálogo y el entendimiento.

La mirada y la expresión del rostro de Bassam muestran su dolor por la pérdida de su hija hace siete años. Recuerda cuando le dieron la noticia, cuando llegó al hospital, el dolor de saber que había muerto.

Recuerda que no sintió odio ni ganas de vengarse. Pensó que el soldado no mató a su hija porque era su hija, que no era algo personal, que el problema era la guerra.

Razonó que el soldado era israelí, pero al mismo tiempo centenares de israelíes oraron por la recuperación de su hija en el hospital; que más de un centenar de exsoldados de esa nación construyeron un jardín en memoria de su hija en el colegio donde estudiaba. “Al mismo tiempo pensé que mi hija no hubiera querido que matara a una niña israelí para vengar su muerte”, agrega.

Aaron tampoco culpó al grupo Hezbolla por la muerte de su hijo, aunque murió por una bomba que ellos pusieron, sino al gobierno israelí por la ocupación del Líbano. “Al momento de morir, mi hijo tenía puesto un botón que pedía que Israel saliera del Líbano. En esos días de duelo sentí su voz diciéndome: ‘yo no puedo hacerlo más, pero sigue tú’ ”, agrega. Entonces sintió que su misión era abogar porque Israel saliera de los territorios ocupados del Líbano y de Palestina para poder tener paz un día y que el inmenso dolor de perder un hijo, el cual lo hizo pensar en el suicidio, no lo tengan que vivir más familias.

Porque lo que ha descubierto la organización –Círculo de padres – Foro de familias–, a la que pertenece Aaron, por medio de investigaciones, es que las familias que han sufrido pérdidas de un ser querido tienden a tomar una de tres actitudes.

Unas se encierran en su dolor y no se interesan por lo que sucede fuera; “ya pagué el precio más alto y no quiero saber de nada”, explica Aaron. Otros tienden a la venganza, el encarcelamiento o muerte de aquel que causo el dolor. “Lo que lleva a más víctimas y nuevos dolores”, agrega.

La otra opción es la vocería para que las cosas cambien con la autoridad moral que les da el ser víctimas, hablar en contra de la venganza y que el método de que la violencia se sofoca con violencia no es la mejor opción.

“La gente tiene que entender que hay todo un mundo que ganar con la paz, con la voluntad de reconstruir y de perdonar, y también hay todo un mundo que perder con la guerra y la venganza”, enfatiza Aaron.

Descubriendo al otro

Para Bassam, una frase de Martin Luther King ilustra las causas de los conflictos en el mundo. “La gente se odia unos a otros porque se tienen miedo; se tienen miedo porque no se conocen, y no se conocen porque no se comunican entre ellos”.

Percibe y sabe que este es el gran problema en el largo conflicto del Medio Oriente. La mayoría de la gente está cansada de la guerra, quiere vivir en paz y reconciliarse, pero también la mayoría tiene miedo de los otros debido a las narrativas de cada uno: los israelíes son criminales, mientras que los palestinos son terroristas.

Bassam afirma que el estar en prisión durante siete años lo llevó a conocer a los otros (a los israelíes). Allí, con los guardias, supo del holocausto, de sus problemas, de sus sueños y también de las pérdidas de seres queridos por el conflicto, “y me di cuenta de que eran seres humanos, como nosotros los palestinos. Los israelíes dejaron de ser para mí los ocupantes de nuestra tierra y empecé a entender por qué actuaban de esa manera”.

Entonces se dio cuenta del error de ambos lados al haberse deshumanizado mutuamente, por lo que no era un crimen para un soldado israelí matar a un palestino porque era un terrorista, y no se mataba a un soldado israelí sino a un opresor.

“La cuestión es que ambos bandos se creen que son los buenos y les está permitido hacer con los otros lo que quieren”, explica Bassam.

La manera de perdonar de Bassam es “dejar ir el dolor”. Para mí, lo mejor que puede pasar es que la conciencia del victimario se despierte y reconozca que no lo volverá a hacer. “El perdón tiene que ser para la liberación de uno mismo, no para hacer sentir mal al otro”. añade.

Paz sin reconciliación es solo cese del fuego

Para estas dos víctimas del conflicto palestino-israelí que abogan por una solución no violenta de los conflictos, la reconciliación es lo más importante en un proceso de paz ya que sin ella “es solo un cese del fuego. La violencia no se va; queda, y tarde o temprano vuelve a aparecer”, dice Bassam.

Para esto es importante que las partes en la mesa acepten la responsabilidad de sus actos en el pasado; “es la única solución”, afirma Bassam.

¿Y puede existir la reconciliación? La justicia como la conocemos es castigar al asesino para compensar a la víctima. “Aun si eso pasa, eso no le dio el derecho de matar a mi hija”, dice Bassam.

Asegura que siempre que piensa en algo, se remite inmediatamente a lo que se logra con ello. “Si metemos a alguien a la cárcel, qué podemos lograr: prevenir que siga matando, por castigo y para que se sienta responsable, con vergüenza y culpable.

“Lo pongo a él en la cárcel pero no su conciencia. Lo que necesito es que cambie su conciencia y reconozca que lo que hizo no lo puede volver a hacer, pero desde adentro”, afirma Bassam.

“El problema con la justicia es que puede llegar el momento en que nos sintamos todos justos, pero todos dentro de un gran cementerio”, dice Aaron.

Jornada del día nacional de las víctimas

Más de 500 líderes de víctimas en Bogotá y cabildos abiertos por la paz en todo el país serán las actividades de hoy y mañana por el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas.

Por primera vez en la historia del país, el Congreso de la República, las asambleas departamentales y el Concejo Distrital de Bogotá sesionarán simultáneamente para conmemorar las víctimas del país.

Esto permitirá que, en cada uno de los 32 departamentos, se reflexione sobre la construcción de paz y los derechos de las víctimas. También aportarán ideas sobre cómo continuar con los procesos de reparación integral, una vez superado el conflicto armado.

En Bogotá, se reunirán más de 500 líderes de víctimas para reafirmar que están dispuestos a caminarle a la paz. Así mismo, recibirán oficialmente un nuevo reconocimiento del Gobierno Nacional, el Congreso de la República y toda la sociedad.

Mañana jueves, los 500 líderes de víctimas se reunirán en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, en el marco del seminario Las Víctimas le Caminan a la Paz, el cual será inaugurado por el presidente Juan Manuel Santos.

Los asistentes conocerán una de las más simbólicas experiencias de reconciliación en el mundo con los activistas de paz Aaron Barnea, de Israel, y el palestino Bassam Aramin, quienes demostrarán con su ejemplo que solo hay futuro con reconciliación.

Las actividades serán televisadas a todo el país por la Señal Institucional y el Canal Congreso.

PEDRO MIGUEL VARGAS NÚÑEZ
SUBEDITOR PORTAFOLIO

www.eltiempo.com/mundo/medio-oriente/los-unio-la-muerte-de-sus-hijos-a-manos-de-bandos-enemigos_13804136-4

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