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Una nueva cúpula

By 7 de julio de 2015No Comments

La renovada cúpula debe continuar la ofensiva contra las guerrillas y blindarse de manipulaciones.

Un año y cinco meses después del último remezón, el presidente Santos anunció el lunes por la noche nuevos cambios en la plana mayor de la Fuerza Pública.

Al tiempo que ratificó como comandante de las Fuerzas Militares al general Juan Pablo Rodríguez, relevó en la comandancia del Ejército al general Jaime Lasprilla, cuyo lugar será asumido por el también general Alberto José Mejía. A la Fuerza Aérea llega el general Carlos Bueno, en reemplazo del general Guillermo León, y en la Armada el vicealmirante Leonardo Santamaría asume la comandancia, en reemplazo del almirante Hernando Wills. Asimismo, se ratificó al general Rodolfo Palomino al frente de la Policía Nacional.


Los miembros de la nueva cúpula tienen como denominador común el que sus anteriores roles en cada una de las fuerzas les permitieron estar en contacto directo con el día a día de la lucha contra los grupos armados ilegales. Es el caso, sobre todo, de Mejía y de Bueno, dos oficiales cuya trayectoria avala con creces el remoquete de “troperos”.

Uno proviene de la unidad encargada de darles cacería a los llamados “objetivos de alto valor”, mientras que el otro tenía a su cargo la jefatura de operaciones aéreas, responsable de acciones como el reciente bombardeo al campamento del frente 29 de las Farc en Guapi (Cauca). En el caso de la Armada, no es casualidad el que su nuevo comandante conozca al dedillo las aguas que rodean a San Andrés, pues fue comandante del Comando Específico del archipiélago.

En síntesis, la renovada cúpula tiene una misión doble. Por un lado, la de no bajar la guardia en las operaciones contra las Farc y el Eln. Es claro que, al margen de lo que ocurra en Cuba, Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Policía están llamados a cumplir el deber constitucional de preservar la vida, honra y bienes de los colombianos; y tampoco hay duda de que los avances que se consigan en Colombia gracias a las acciones de la Fuerza Pública tienen que repercutir en Cuba.

La segunda misión que les compete es la de recalcarles a las tropas, cuantas veces sea necesario, que la paz es la mejor victoria y que en sus manos está llegar a ese objetivo.

Esto implica también blindar las filas del innegable interés de algunos sectores por ver germinar semillas de malestar, valiéndose de tácticas absolutamente reprochables y castigadas por el Código Penal. Referente de lo anterior es lo sucedido el fin de semana pasado con las falsas alarmas promovidas con perversas intenciones.

Mención aparte merece la Policía. El voto de confianza dado al general Palomino lo compromete a seguir tomando medidas de fondo para evitar que esta institución recorra otra vez una oscura senda, por la que ya transitó en la década de los noventa y que derivó en el muy recordado remezón que lideró el general Rosso José Serrano. Con o sin posconflicto, la seguridad urbana se presenta como uno de los mayores desafíos para el Estado colombiano en los años por venir. Y para enfrentarlo urge una acción integral y coordinada de todas las instituciones, que debe liderar la Policía, y con ella sustituir esfuerzos recientes que, aunque exitosos, no han tenido el alcance ni la continuidad suficientes.

http://www.eltiempo.com/opinion/editorial/una-nueva-cupula-editorial-el-tiempo-8-de-julio-2015/16060637

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