La hacienda «Las Tangas», fortín histórico de los hermanos Castaño Gil, fue rebautizada y entregada a más de 100 familias de Córdoba.
Incrédulos, pero dichosos, los campesinos de Valencia – Córdoba, presenciaban cómo el pasado 12 de diciembre la Unidad de Restitución de Tierras (URT), entregaba mil hectáreas de la hacienda «Las Tangas» a 106 familias, que fueron obligadas a formar parte de los más de 5 millones de desplazados del país.
El predio, desde donde se ordenaron espantosas masacres a nivel nacional, fue el baluarte y lugar de entrenamiento de ‘los Mochacabezas’, paramilitares al mando de las autodefensas de los hermanos Castaño Gil, quizá el grupo más sanguinario dentro del conflicto colombiano.
En el acto el ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri y los líderes campesinos, nombraron los predios como ‘Nueva Esperanza’. Un nombre sugerido por los habitantes de la región, queriendo representar la nueva etapa que comienza luego del doble despojo al que se vieron sometidos ellos y sus progenitores.
Ahora, esas aproximadamente 7 hectáreas devueltas a cada familia, podrán ser usadas nuevamente para ganadería, agricultura y cría de gallinas. Al volver, cuentan muchos de los campesinos que no encontraron los hogares de bareque y palma que habían erigido; por eso, además de la devolución del terreno, se entregaron casas en cada parcela y recursos hasta por 25 millones de pesos por familia: para cercar, reiniciar su producción agrícola y comprar ganado.
Quienes se encargaron inicialmente de enviar un mensaje de paz y reconciliación, fueron Jorge Alarcón, Doris Ramos y Luz Montes, las cabezas de los primeros hogares beneficiados con la restitución. Ellos recibieron semillas de arroz, maíz, yuca y plátano, y una llave metafórica, que representaba la pertenencia campesina del feudo que fue despojado con el secuestro y asesinato en 1983 del dueño original de la finca, a quien nunca le llegó el pago que prometió Fidel Castaño, el mayor del clan Castaño, que también se apropió mediante motosierras, machetes y fusiles de las fincas Jaraguay, Santa Paula, Los Campanos y Cedro Cocido.
Un regreso que se materializaba
Nunca lo creyeron posible. El fingido retorno que les prometieron los Castaño a los campesinos en los 90’s, solo los hacía aguardar a que la notificación de la restitución de los predios esta vez fuera una realidad.
‘‘Nunca pensé que nosotros volviéramos a estas tierras. No sé por qué se dio esto, porque con toda esta guerra uno ya no sabe para dónde ‘jala’. Lo importante es que acá ya tenemos productos: ya hay plátano, yuca, gallinas’’, manifestó Eusebio Varel, un campesino mayor, de unos 55 años pero con aspecto de muchos más, por las arrugas que dejó en su rostro la marcha forzada que debió emprender con su esposa e hijos a Montería.
Sin embargo, él y otros de sus coterráneos dicen sentirse aún inseguros, sin embargo – señalan- no piensan abandonar las parcelas que les fueron devueltas después de tantos años y esfuerzos. ‘‘Se está cambiando ese pensamiento pero siempre tiene uno ese temor; la seguridad es muy poquita. Uno regresa con miedo, con temor de que vayan a hacernos algo de nuevo; pero por ahora está todo tranquilo y estamos volviendo a construir’’, puntualizó Eusebio, quien volverá al mismo predio que ocupó junto a su esposa hasta el destierro que sufrieron en 1990 por parte de las AUC. El mismo terreno que, según alias ‘Don Berna’, no era otra cosa que el Estado en Córdoba de este grupo paramilitar, lugar donde desplazaron, violaron, desaparecieron y asesinaron sin piedad a los habitantes.
Quemando el horror del pasado
Los propietarios históricos de las tierras, escribieron en cientos de hojas todo lo que estaban dispuestos a dejar atrás con la restitución. Los trozos de papel, fueron incinerados por el Ministro de Agricultura y las autoridades de la Policía, Ejército y URT.
Además decidieron superar esa siniestra época con otros papeles, que quedaron en sus manos, en los que plasmaron sus sueños de impulsarse a un desarrollo completo de la región, avalada por subsidios, adecuación de tierras, titulación de los predios y procesos productivos, en los que trabajarán junto al Gobierno Nacional y otras entidades.
Los sueños fueron guardados con ímpetu. El mismo que tuvieron cuando el Ministro les pidió pisar con fuerza la tierra que les fue devuelta. Con enérgicos pisotones recordaron a sus familiares, amigos y paisanos asesinados atrozmente, en episodios que los nativos de Valencia aguardan no vivir de nuevo, gracias a la ‘Nueva Esperanza’, que manifiestan, trae un proceso de paz para Colombia.
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