Ninguno, haciendo cálculos a simple ojo, tiene más de 17 años. Indígenas, AK-47 en mano endeble, el paso descoordinado, risas inocentes, los ojos sin horizonte, el rostro compungido. Queda imaginar la mirada torva del hombre que está detrás de la cámara, grabando a esos adolescentes reclutados en Cauca, dando órdenes entre el español y algún dialecto: «Guerrillero. Media. Izquierda. Derecha. Atención Fiiiirrrr. Tatatatata».
Son 23 menores: 14 hombres y nueve mujeres, algunos no entienden las órdenes, confunden la derecha con la izquierda, no llevan el ritmo de la marcha. Unos niños. El Ejército trata de establecer el origen de las imágenes del video, obtenido, según las tropas en Inzá, Cauca, tras combates entre miembros de la Fuerza de Tarea Apolo y el sexto frente de las Farc, el año pasado, dijo el comandante de la Fuerza de Tarea, general Jorge Humberto Jerez.
Ahí se los ve, «menores de no más de catorce años, uniformados, con esos fusiles, obligándolos a estar en las filas de las Farc», aseguró Jerez.
Cauca —junto a Antioquia, Chocó, Meta, Caquetá, Putumayo, Bolívar y Arauca—, según el director del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Diego Molano Aponte, es uno de los departamentos donde más se registra el reclutamiento forzado de menores de edad. Departamentos donde más se registra la desvinculación. Inteligencia Militar sostiene que los argumentos son los mismos: promesas de igualdad social, un sueldo mensual, una mejor vida, ayuda económica para las familias, la promesa del regreso.
El comandante de la Fuerza de Tarea Apolo asegura que el reclutamiento forzado es muy común en el Cauca y cuenta que son muchos los menores que se han desmovilizado de las filas guerrilleras y que se han vinculado por diferentes razones: «Unos por simpatía, otros obligados, otros porque se dejaron creer de sus promesas, otros por tantas carencias».
Pero esas no son las únicas razones. Una investigación realizada por la Agencia Periodismo Aliado de la Niñez, el Desarrollo Social y la Investigación (Pandi), recoge el testimonio de una menor que dice: «Yo me fui a los 12 años porque perdí quinto y mi mamá me iba a matar… cogí mi mula, en la noche me trepé a un árbol para que no me comieran los tigres, y cuando pasó la guerrilla me fui con ellos».
Cifras y maltrato
Aunque no se puede contar cuántos menores de edad han sido reclutados por los grupos armados —teniendo en cuenta que este conflicto armado ajusta cincuenta años—, debido a que no se denuncia, el Icbf, con su Programa de Menores Desvinculados de la Guerra, cuenta más de 5.100 adolescente atendidos de 1999 a la fecha. Menores de edad que se escaparon de las filas y han recibido asistencia integral. Aquí no se cuentan los cientos de desmovilizados que ya todos unos adultos abandonaron la guerra, pero que la protagonizaron antes de cumplir los 18 años. De los menores desvinculados el 58,8 por ciento fue reclutado por las Farc, el 21,3 por ciento por las desaparecidas Auc y el 14,8 por ciento por el Eln.
Pero la emergencia, debido a la consolidación de las bandas criminales, sigue y crece. Entre enero de 2008 y junio de 2011 el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo registró 158 situaciones de riesgo concernientes al reclutamiento de menores de edad. Y en el último año, según un registro que ha hecho la Agencia Pandi de diversas organizaciones y medios de comunicación, se «han documentado amenazas y casos de este crimen de guerra en municipios de Antioquia, Cauca, Córdoba, Norte de Santander y Tolima, entre otros departamentos».
Datos del programa Soñar es un Derecho de la Fundación Mi Sangre, revelan que el 83 por ciento de los adolescentes que estuvieron en los grupos armados fueron víctimas de violencia intrafamiliar. Otras factores que se asocian son la deserción escolar con un 25 por ciento, y el 57 por ciento trabajaba «antes de su vinculación y buscó en los grupos armados una mejor opción laboral, de ellos el 30 por ciento trabajaba raspando coca».
Pero el riesgo no está, solamente, en las zonas urbanas según sostiene la abogada e investigadora del fenómeno, Beatriz Linares, «la dinámica de hoy es más urbana que rural. Más del 70 por ciento de la población colombiana se concentra en lo urbano y esto hace que los grupos armados ilegales también se centren en lo urbano. Estos grupos están en los lugares donde saben que hay niños y niñas en riesgo».
Pero la situación es más que cifra, es —como debe ser, porque no hay más calificativos—, triste. Y el adjetivo tiene su argumento: el jueves de la semana pasada, en una operación realizada por hombres de la Séptima División del Ejército en el Magdalena Medio antioqueño contra el frente 37 —Compañía Gerardo Guevara de las Farc—, fueron capturados 15 guerrilleros, después de horas de enfrentamientos, de las balas que iban y venían, entre ellos fueron contados ocho menores de edad —más de la mitad—. Ellos, niños con fusil en mano, como tantos de los que no se sabe.
ANTECEDENTES
NIÑOS VUELTOS ESCUDOS HUMANOS
Según denunció el general Jorge Humberto Jerez, comandante de la Fuerza de Tarea Apolo del Ejército, es permanente en el Cauca el uso de niños como defensa por parte de las Farc. «La semana pasada en unos combates que tuvimos en Caldono y Jambaló contra estos bandidos de la (Columna) Jacobo Arenas, los logramos rodear y ellos, para salvar sus vidas, sacaron a unos niños de una casa, para ponerlos como escudo. Eso también lo hacen en las escuelas».
Hay que recordar que el año pasado hubo fuertes problemas de orden público en el norte del Cauca, donde las Farc han tenido presencia.
EN DEFINITIVA
Con la incautación de un video en el que supuestos hombres del sexto frente de las Farc entrenan a niños para la guerra, el Ejército reitera acusación a la guerrilla por reclutamiento de menores.