El viernes pasado encontré a Rudecindo Castro, director distrital de Etnias, crispado por la hoja que acababa de recibir. Decorada con un águila negra, catalogaba como objetivos militares a 13 lideresas de derechos humanos y reclamación de tierras, a quienes el respectivo grupo armado les exigía salvar sus vidas, saliéndose de Bogotá inmediatamente.
Para darle aún más fuerza a la amenaza, y quizás estimulado por la reciente avalancha de trinos derechistas que invitan a profundizar la guerra, indicaba que la organización ya está en “todo el sistema” y que “el gobierno es nuestro”. Ante semejantes afirmaciones, a Castro no le quedó otra alternativa que cancelar la reunión que tenía programada para el día siguiente acerca de dos ideas que su Dirección viene promoviendo y acompañando, el Comité de Justicia Transicional para las Víctimas y la Ciudadela Multiética. En uno y otro proyecto sobresale el liderazgo de doña Virgelina Chará, una de las mujeres negras a quienes amenaza el panfleto. Desde 1995, cuando la sacaron de Suárez, en el Cauca, ella ha sido objeto de sucesivos desplazamientos y, por el trabajo que desde entonces ha desarrollado a favor de las víctimas, en 2005 fue candidata al Premio Nobel Alterno para la Paz
(http://www.cambio.com.co/portadacambio/753/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-3846875.html, http://actividadesdemujeres.blogspot.com/2008/12/virgelina-char-cuando-se-quiere-se_17.html).
Una de las metas del primer proyecto consiste en abrir nuevos espacios para la convivencia interétnica, y la segunda busca el lote adecuado en Usme para innovar la vivienda de interés social. Convoca a que los afros se unan a otros obreros de la rusa alrededor de formas de autoconstrucción que respondan a los patrones estéticos de gente de ascendencia indígena, africana y campesina, con comedores escolares acordes con los saberes y sabores étnicos, no sólo para que los niños reciban los alimentos a los cuales han estado acostumbrados en sus comunidades de origen, sino para que vayan intercambiándolos con los que son usuales entre las personas de las demás afiliaciones étnicas, hacia el tan anhelado ideal de la coexistencia interétnica. Doña Virgelina ya tiene planos para un tipo de vivienda que ha llamado productivo, porque destinará el primer piso al albergue de una tienda u otro negocio que refuerce los ingresos familiares. No está descartada la agricultura urbana, de modo tal que habría señoras del Afropacífico, quienes podrían realizar sus sueños de tener aquí en la ciudad las zoteas o potrillos que tuvieron a la orilla de los ríos. En esas plataformas de madera que sostenían canoas que rellenaban con la tierra fértil de hormiguero cultivaban aliños, yerbas medicinales y plantas de valor sagrado, como las que han usado para trasplantar en seguida del alumbramiento, sembrarlas con la placenta y de esa manera “ombligar” o hermanar a sus hijos e hijas con la naturaleza.
Como sucedía con Angélica Bello, doña Virgelina ha sido capaz de transmutar los años de desdicha por el destierro y la violencia reiterada en vitalidad creativa. Urge la salvaguardia de una vida capaz de aquellas innovaciones de convivencia pacífica indispensables dentro del proceso de paz que ojalá se avecine con la prontitud deseada por muchos miembros de la sociedad.
http://www.elespectador.com/opinion/columna-408295-virgelina