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‘Yo decidí que buscaría a mi hijo toda la vida, así no lo encontrara’

By 30 de octubre de 2015No Comments

Así habla madre de desaparecido, cuyos archivos fueron declarados por Unesco patrimonio documental.

“El miércoles, como a las 2:30 de la tarde, me pidieron que pasara a la mesa principal, en el evento de Archivos para la Paz. Pensé que hablaría sobre desaparición forzada, pero no. El doctor Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), tomó el micrófono y anunció que la Unesco había reconocido mis archivos, sobre la desaparición forzada de mi hijo Luis Fernando, como patrimonio documental de América Latina y el Caribe. No podía creerlo”.

Así recibió la noticia la defensora de derechos humanos Fabiola Lalinde, en el marco de la discusión pública sobra archivos en Colombia organizada por el CNMH y la ONU. (Lea también: Los archivos de Fabiola Lalinde que lograron reconocimiento de la Unesco)


El hijo de Fabiola, Luis Fernando, de 26 años, fue detenido, desaparecido, torturado y ejecutado en octubre de 1984 por una patrulla militar, en Jardín (Antioquia). 12 años después de su desaparición, y de la incesante búsqueda, Fabiola recibió de la VIII Brigada el cráneo y 69 huesos secos, en una caja de cartón y con un acta de inventario.

Ese día, dice ella, “le tuve que dar gracias a Dios de rodillas, y le sigo dando, por haber rescatado sus huesos plenamente identificados; la identidad es fundamento de dignidad”.

El 6 de noviembre de 1984, Fabiola comenzó el archivo, que hoy es patrimonio documental de la Unesco. Había pasado un mes de la desaparición de Luis y ella recortó de un periódico local la noticia. Después de ese día recopiló cartas, expedientes, fotos, audios, recortes de periódicos, y empezó a escribir en una libreta, que convirtió en su diario, la historia de su búsqueda.

“Nadie imagina cómo es la desaparición forzada. Yo hablo en nombre de todas las mujeres y de todas las madres del mundo. Yo decidí que buscaría a mi hijo toda la vida, así no lo encontrara nunca”, explica.

Fabiola a los 8 años tenía como mascota una gallina; Cubanita la llamaba, y con ella jugaba todo el tiempo. Recuerda que su papá le decía que parecía un sirirí, un pájaro que no deja que los gavilanes se roben ni los pollos ni las gallinas. Un pájaro que los persigue, sin matarlos, hasta que le devuelvan lo robado.

Fabiola dice que en la búsqueda de Luis surgió su verdadera personalidad: la del sirirí que no se deja robar sus pollos, y por eso la búsqueda eterna; y la de la mujer valiente que, según ella, sabe hacer “pequeños favores” para convertirlos en una cadena solidaria de favores. Desde hoy sus archivos empiezan a servir a Colombia y al mundo como contribución a la verdad, a la memoria, y a la justicia.

El día de su desaparición forzada, Luis estaba en una labor humanitaria, auxiliando a un herido. Fue él quien le explicó a Fabiola, días antes, qué era la desaparición forzada de personas, y con él ella vio por primera vez la imagen de las madres de la Plaza de Mayo, en Argentina.

“La última vez que soñé con Luis Fernando –tres meses después de recibir sus restos– lo vi sonriendo, corriendo por una alambrada, con la mano levantada, como aparece en la única foto que conservo de él. Se despidió de mí, comprendí que se iba tranquilo. Lo dejé marchar”, dice.

Fabiola entregó copia de sus archivos, hace un año, al CNMH, entidad que los organizó y digitalizó. "Pronto–dice el director Gonzalo Sánchez– acondicionaremos la herramienta tecnológica para que sean consultables en cualquier parte del mundo”.

Añade Sánchez que “un archivo como el de Fabiola contribuye de muchas maneras a la paz: hace parte de las tareas de esclarecimiento y de verdad, emprendidas por las propias víctimas; cumple una función pedagógica de enorme fuerza moral y contención de los mecanismos de impunidad, y representa un mensaje de esperanza y de aliento para los miles de madres que han sufrido y luchado por la recuperación de los cuerpos de sus hijos”.

El rol de los archivos, tanto del Estado como de la población civil, es fundamental en la construcción de la paz y en la no repetición del terror de la guerra. Por eso, que la Unesco declare patrimonio documental los archivos de Fabiola Lalinde es una noticia positiva para Colombia, para el mundo y para la memoria, y una experiencia que Fabiola define, a pesar de todo, como: “dolorosamente bella”.

http://www.eltiempo.com/politica/justicia/unesco-declara-patrimonio-documental-archivos-de-madre-de-desaparecido-en-colombia/16416690

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